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¿Dónde está Alfred Hitchcock?

La galería 1988 de Los Ángeles presenta una divertida ilustración sobre las ya célebres apariciones de Hitchcock en sus películas. El libro de Truffaut,  ‘El cine según Hitchcock’ nos delata todas y cada una de las escenas en las que el cineasta británico aparece. Este divertimento comenzó con ‘Rebeca’ en 1940,  su primera película americana, de la mano de David O. Selznick.

‘Psicosis’ (1960), Alfred Hitchcock

Hoy estrenamos una nueva sección en el blog, ‘Cine Club’,  donde hablaré de las películas que siempre me han gustado, el cine que de verdad me conmueve. Más de 100 años de historia del llamado séptimo arte dan para mucho.

Psycho‘ (1960), dirigida por el cineasta de origen británico, Alfred Hitchcock, y basada en la novela de Robert Bloch desarrolla con una enorme soltura los mecanismos de la narración audiovisual. En esta película, el propio director tiene un control absoluto sobre su producción, llegando a ser un autor que controla todos los elementos que conforman el filme.

Hitchcock maneja el plano subjetivo con una soltura increible, este plano está ligado a una narración restringida, ya que a nivel de información sabemos lo mismo que el personaje en todo momento. Sirve para interpretar deseos y fotografiar pensamientos, es un medio útil para expresar sentimientos y llegar a fotografiar lo no material. La narración subjetiva provoca que el espectador participe de la acción, ya que estamos vinculados al destino de un personaje, ya que el espectador sabe lo mismo que el personaje. Saliéndonos de Hitchcock, en películas como ‘La dama del lago’ o ‘La senda tenebrosa’ por ejemplo, exploran también este tipo de narración.

Alfred Hitchcock ya había desarrollado el punto de vista en Rear Window (La ventana Indiscreta) en 1954 con especial acierto, por lo que no es de extrañar su excelente dominio seis años más tarde en ‘Psicosis’.

Rodada con un equipo de televisión y con bajo presupuesto alcanza las más altas cimas de la producción cinematográfica del mago del lenguaje cinematográfico, Alfred Hitchcock. Sin duda se convierte en un referente para muchos cineastas posteriores que traten este género.

El uso del plano subjetivo nos vincula con situaciones inmorales, como el robo del dinero, el espiar por un agujero a una chica en el baño …De esta manera y a modo de introspección nos hace ver que todos somos retorcidos, que podemos ser ladrones, pervertidos sexuales…y todo gracias al uso de un arma cinematográfica como es la del punto de vista desde el cuál nos quieren contar la historia. El uso de este tipo de plano no nos deja indiferentes, es más vinculante y fomenta mucho más la tensión dramática. Aunque no llegáramos a identificarnos con las acciones del protagonista por la perversidad de las mismas, lo horrendo llega a ser si cabe más horrendo, porque no se produce ese distanciamiento entre el personaje y el espectador.

En cierto modo Marion va a morir por lo que se libera. Ella roba para vivir con su amante y en un cruce de caminos se encuentra con su opuesto, con el ser reprimido sexualmente, que utiliza el cuchillo como pene para penetrar a las chicas. El uso de metáforas relacionado con los espejos está presente en la primera parte de la película, desde el hotel, su propia casa, el cuarto de baño de la estación de servicio, el retrovisor del coche por el que se ve, la recepción del motel…

La doble personalidad se logra a través de la imagen, lo cual es importante para el conjunto de la obra. ‘Psicosis’ trata de la dualidad, las dobles personalidades, desde la de Marion, que tiene que esconder su personalidad porque está huyendo con un dinero robado, hasta el propio Norman, víctima de un desequilibrio mental que le ha disociado su cerebro.

En mi opinión, Psicosis termina con la muerte de Marion porque el resto se diluye en una mera investigación y en la introducción de unos personajes que no enriquecen a la obra.

Dentro de muy poco la película cumplirá 52 años, y a mi parecer la experimentación que en su momento planteó Hitchcock seguirá siempre vigente, porque los temas que trató serán siempre universales e intrínsecos al género humano.

Parafraseando las palabras de Donald Spoto en la biografía que escribió sobre Hitchcock vino a decir -‘él no fue más que un depositario de las miserias humanas’- y sin duda así fue y así va a quedar reflejado en palabras mayúsculas dentro de la historia del cine. Como dijo Trufffaut, ‘su obra seguirá viviendo como los relojes de pulsera en los soldados muertos‘.

François Truffaut (1932-1984)

“Hacer una película, es vivir para mí”. Esta célebre frase de Antonioni se puede aplicar a Truffaut más que a cualquier otro cineasta. Expresa la otra contradicción esencial de su obra. Por un lado decía odiar el documental, no hay que copiar servilmente la vida, sino estilizar, condensar, para seducir y divertir. Y por otro, el cine debe recobrar la imperfección, la vibración de la vida.

El 6 de febrero François Truffaut hubiera cumplido 80 años. Nació en París el 6 de febrero de 1932 y falleció por un tumor cerebral el 21 de octubre de 1984, en Neuilly-sur Seine. Empezó a ver películas a la edad de 7 años, con cierta frecuencia durante su horario escolar. También fue un buen lector, aunque no un buen alumno, dejando la escuela a los catorce años y empezó con pequeños trabajos. Algunos hurtos le llevaron a un correccional.

Jules y Jim

En 1953 publica sus primeras críticas cinematográficas en “Cahiers du Cinema“, donde tanto él como otros colaboradores defienden apasionadamente lo que ellos mismos denominan cine de autor. Uno de sus más combativos artículos, «Una cierta tendencia del cine francés» (1954), levantó una gran polémica por lo que significaba de crítica hacia el estamento cinematográfico de su país. La reputación que obtiene como crítico duro y exigente es muy grande y sus escritos son esperados con curiosidad por sus seguidores y con temor por aquéllos a los que hace objeto de sus críticas, funda­mentalmente los directores franceses del cine de «qualité»: Claude Autant-Lara, Jean Delannoy, Julien Duvivier, etc. Todo ello redun­da en el desarrollo de “Cahiers du Cinéma” y de «Arts», que viven su mejor época, con un desarrollo espectacular de sus tiradas.

La piel suave

A raíz de todo esto, se planteó el salto a la dirección cinematográfica con el propósito de abrir una nueva vía de expresión, más realista y libre de los defectos y concesiones que él denunciaba, como el culto a las estrellas. En 1954 dirige su primer corto titulado ‘Une visite’. Du­rante tres años, 1955 a 1957, trabaja como ayudante de Roberto Rossellini, en la preparación de tres películas que no llegan a reali­zarse. En 1957 se casa con Madeleine Morgenstern, hija de un importante distribuidor. La desahogada posición económica de su mujer le permi­tió fundar la productora «Les Films du Carrosse», nombre elegido en homenaje a Jean Renoir y su película ‘La carrosse d’or’. Con esta productora produjo casi to­dos sus films, además de otros de sus compañeros de la Nouvelle Va­gue. Ese mismo año dirige ‘Les mistons’, que puede realmente considerarse su primer trabajo cinematográfico.

En 1958 rueda ‘Los cuatrocientos golpes‘, que tendrá al año siguiente un éxito espectacular. El guión era inicialmente para un cortometraje, ‘La fugue d’Antoine’, sobre la infan­cia y la adolescencia. Pero el guión de este corto va ampliándose hasta transformarse en el largo ‘Les 400 coup’s. Con este film obtiene en el Festival de Cannes de 1959 el Gran Premio a la Mejor Dirección, cuando, paradójicamente, no estaba invitado al mismo, como represalia de la Dirección del Festival, por sus críticas de años ante­riores.
Este film servirá de carta de presentación ante el mundo del movimiento de la Nouvelle Vague. Una parte de la filmografía de Truffaut está marcada por una infancia y una adolescencia difíciles, que reflejó fielmente en éste su primer largometraje, en el que su joven protagonista, Antoine Doinel, se convierte en el alter ego del realizador.

 

En 1966 viaja a Estados Unidos. Durante varias semanas entrevista a Alfred Hitchcock y las grabaciones de dichas conversa­ciones, unas 50 horas, serán la base para escribir el libro ‘Le cinema selon Hitchcock’. En 1969 es invitado por Gregory Peck, Walter Mirish y Daniel Taradash, en representación de la Academia de Artes y Ciencias Ci­nematográficas de Hollywood, a formar parte de dicha sociedad. Truffaut acepta, siendo así el segundo director francés, después de Jean Renoir, que pertenece a la Academia americana.

En 1983 se le detecta un tumor cerebral. Truffaut, intuyendo, quizá, que le queda poco tiempo de vida, ultima algunos proyectos antiguos, tales como la reedición, puesta al día, de su libro ‘Le Cinema selon Hitchcock’, o la recuperación del material descartado de ‘Les deux anglaises et le continent’, la que él considera su mejor película, para resta­blecer el montaje original, que tuvo que alterar a instancias del dis­tribuidor, dada la mala acogida que había tenido el film por parte del público.El 11 de octubre de 1984 cae en estado de coma y es ingresado en el Hospital Americano de Neuilly, en las cercanías de París, don­de diez días más tarde, el 21 de octubre, fallece.

Alfred Hitchcock (1899-1980)

“El conflicto es la base de todo el drama y, por eso, el humor es tan importante. El humor es la desaparición de la genialidad; es la desaparición de lo que es normal; es, por tanto, anormal…”                                                                                    (Alfred Hitchcock)

Nacido en 1899 en el modesto distrito londinense de Leytonstone, en el seno de una familia católica de tenderos, fue el tercer hijo de William y Emma, comerciantes de verduras, pues le antecedieron su hermano William y su hermana Helen. A los 11 años ingresó en el colegio de jesuitas Saint Ignatius College, de Stanford Hill, donde se le inculcó el sentido del orden y la disciplina que no abandonarí­a en toda su vida. En julio de 1913 ingresa en la escuela técnica de Ingenierí­a y Navegación, pero, al fallecer su padre el 12 de diciembre de 1914, se ve obligado a interrumpir sus estudios y buscar trabajo, encontrándolo en la Henley Telegraph and Cable Company como especialista en cables eléctricos submarinos. Simultaneó este trabajo con la asistencia a clases de arte en la Universidad, consiguiendo pasar gracias a este aprendizaje al departamento de publicidad de la citada Henkley Telegraph. Esta última actividad la simultaneará, durante algún tiempo, con el cine, cuando, entusiasmado por este arte, logra en 1919 introducirse en el mismo.

Persona de rara inteligencia y maravilloso humor, Hitchcock ha asombrado con sus pelí­culas a varias generaciones de cinéfilos. Es, en suma, uno de los directores de mayor prestigio de toda la historia del cine. Desde 1925 hasta su muerte, Hitchcock rodó 53 pelí­culas, con las que alcanzó un dominio absoluto en cuanto a la técnica cinematográfica se refiere. Supo combinar como nadie el arte con los trabajos de simple diversión, poniendo el alma en todos sus filmes, pues no le bastaba tomar el guión de alguien y fotografiarle a su manera. Por el contrario, se creí­a obligado a desarrollar él mismo la temática que trataba en cada pelí­cula.

Todos los crí­ticos especializados cinematográficos coinciden en señalar que Hitchcock tení­a una forma muy especial de dirigir sus pelí­culas, de tal forma que contemplando todas sus obras se puede hablar de un “estilo Hitchcock”, de caracterí­sticas muy singulares provenientes de una serie de “claves cinematográficas”.

Su poderoso sentido del humor

Hitchcock sentí­a una auténtica pasión por la ironí­a, un gusto por la broma fuera de lo común, que siempre plasmaba en sus filmes. Fruto de este poderoso sentido del humor es la teorí­a de Hitchcock sobre el “MacGuffin”, que puede ser definida como la aplicación de una excusa para contar una historia apasionante.

Su gusto por las historias de terror

En la literatura inglesa, el crimen aparece en el primer capí­tulo desde siempre, lo que no sucede en ningún otro paí­s. En Inglaterra, jueces y abogados comentan con frecuencia el último caso de criminalidad que ha apasionado a la opinión pública. No es, pues, extraño que, siendo inglés el entorno en el que creció Hitchcock, éste comenzara muy pronto a sentirse fascinado por el crimen. Por ello, en su juventud visitó múltiples veces el “Black Museum” de Scotland Yard, donde pasaba tardes enteras observando los objetos relativos a famosos crí­menes, a la vez que leí­a el dominical “New of The World”, que relataba con detalle los crí­menes más sonados cometidos en Inglaterra. El clima netamente inglés en el que Hitchcock creció fue pues de enorme trascendencia a la hora de elegir la trama de sus pelí­culas, que se basan frecuentemente en un crimen asociado a motivaciones sexuales.

Su minuciosidad, orden y planificación

Hitchcock ha señalado varias veces que nunca improvisa sobre el plató, pues no es un compositor de música que espera a tener la orquesta frente a él para pensar en lo que va a componer. Por el contrario, ha definido su forma de organizar el trabajo al comenzar un filme de la siguiente manera: “Yo leo un libro. Luego me encuentro con el guionista todas las mañanas durante los dí­as que convengan y escribimos juntos la pelí­cula. Lo hacemos sobre el papel sin olvidarnos sobre cada escena ni el más mí­nimo detalle. No escribimos pues sólo la sinopsis, sino toda la descripción cinematográfica, de modo que el primer golpe de manivela esté todo listo. Incluso, por ejemplo, la sonrisa de cualquier actor mientras está viendo un objeto determinado. Mis pelí­culas están terminadas antes de comenzar a rodarlas”.

Su confianza en el Arte Cinematográfico

Hitchcock siempre confió en las posibilidades expresivas del cine, por lo que buscaba siempre que las imágenes dieran la medida de un arte rico en sugerencias. Expresó repetidamente su fe en el cine puro y se esmeró afanosamente para conseguir que la técnica cinematográfica fuera para él algo muy dócil. Así­, logró ser tan experto con la cámara que no necesitaba mirar el encuadre por el visor. No es extraño que Hitchcock lograra un total equilibrio narrativo. Él mismo ha declarado: “No creo en los diálogos. Tengo una fe ciega en el arte cinematográfico”. Convencido pues de que la forma altera radicalmente al contenido, Hitchcock elaboró siempre unas imágenes plenas de contenido.

Su estrecha relación entre el filme y el espectador

El público siempre ha estado presente en la mente de Hitchcock cuando dirigí­a una pelí­cula, pues, como él mismo ha dicho: “el cine es un montón de butacas que hay que llenar”. Por ello, buscaba tener siempre en la pantalla un héroe con el que la gente pudiera identificarse; es decir, un hombre de la calle, un hombre ordinario, al que colocaba en una situación desesperada, pues su tema preferido es el relativo al inocente que es acusado injustamente. Fruto de su atención al espectador era el cuidado que poní­a par que nadie sintiera el más mí­nimo rechazo a sus pelí­culas. Hitchcock nunca se permitió ser demasiado audaz, ni en lo que respecta a la violencia, ni en lo relativo a los desnudos. Así­ en ‘Frenesí’­, cuando se ve a la muchacha asesinada que está completamente desnuda, la coloca una especie de bikini de patatas y, según él mismo ha confesado, rodó ‘Psicosis’ en blanco y negro para que no se viera el color de la sangre.

Su concepción del montaje como algo esencial para el filme

Hitchcock, influenciado positivamente por su mujer, Alma Reville, quien tuvo a su cargo el montaje de múltiples filmes, daba una importancia capital de esta labor, que, para él, constituí­a además una forma de mantener un estricto control sobre sus pelí­culas. Para Hitchcock, el montaje no era otra cosa que la culminación fí­sica de una planificación exhaustiva de principio a fin, habiendo declarado a este respecto: “un filme está hecho de miles de imágenes que hay que orquestar rí­tmicamente”.

El toque Hitchcock

Con la aplicación de estas claves, Hitchcock creó su propio universo cinematográfico, que hoy, 32 años después de su muerte, nos sigue maravillando. Forzó, en definitiva, su propio estilo, basado en una concepción poco grandilocuente, más bien artesanal del cine. Estilo que el genial director ha resumido con estas palabras: “la diferencia entre una pelí­cula normal de cine negro y una de mis pelí­culas puede explicarse mediante un claro ejemplo: tres personas están sentadas a una mesa; bajo la mesa hay una bomba; los tres personajes lo ignoran y el público también; cuando la bomba estalla interviene el elemento sorpresa, que es tí­pico del estilo negro; por el contrario, lo que pasa en mi pelí­cula es lo siguiente: los tres personajes tienen una bomba bajo su mesa y ellos lo ignoran, pero el público está al corriente y querrí­a avisar a sus personajes de que están a punto de saltar por los aires; mi habilidad consiste en dosificar esta espera, que no debe ser ni demasiado larga ni demasiado corta y debe ser seguida por un periodo de distensión”.