Archivo mensual: marzo 2011

Billy Wilder (1906-2002)

Conocido principalmente por sus ácidas y corrosivas comedias, Billy Wilder también mostró su genialidad en todos los géneros que abordó, desde el cine negro, hasta el drama social, pasando por el suspense o la sátira hollywoodiense. Maestro en la narración fílmica, en la construcción de tramas y situaciones, en la escritura de chispeantes e ingeniosos diálogos y en establecer una mirada cáustica al mundo que le rodeaba, Wilder permanece como uno de los personajes más talentosos que ha conocido la historia del cine.

Billy, cuyo nombre real era el de Samuel Wilder, nació en Sucha (Austria), el 22 de junio de 1906. Era hijo de Eugenia y Max Wilder, quien dirigía una cadena de cafeterías. Familiarmente fue llamado Billy desde niño a causa de su obsesión infantil con la figura de Buffalo Bill y el western, sintiendo predilección por las películas de Tom Mix y William S. Hart.

Tras concluir sus estudios secundarios, Wilder comenzó a estudiar derecho en la Universidad de Viena, pero abandonó las clases de leyes para trabajar como redactor en varios periódicos austriacos y posteriormente como reportero en una publicación berlinesa. Sería en Alemania y en el año 1929 cuando Billy Wilder comenzó a coquetear con el mundo del cine al escribir una buena cantidad de guiones para películas germanas, como ‘Der Teufelsreporter’ (1929) o ‘Emil und die detektive’ (1931). En esta primera etapa coincidió con personajes posteriormente importantes en el cine de Hollywood como Robert Siodmak, Fred Zinnemann o Edgar G. Ulmer.

La subida al poder del totalitarismo hitleriano en Alemania obligaría a Wilder, debido a su procedencia judía, a huir del país y asentarse en Francia, lugar en donde continuó trabajando como guionista y en donde dirigiría su primera película titulada ‘Curvas peligrosas’ (1934). Tras una breve estancia en el país galo, Wilder decidió dar el salto a los Estados Unidos, acompañado por otro exiliado germano, el actor Peter Lorre, con quien compartiría apartamento californiano. En 1933 adaptarían su guión de ‘Ihre Hoheit Befiehlt’ (1931) llamándolo ‘Adorable’. Fue la primera vez que un trabajo de Wilder sería realizado en Hollywood, aunque no fue Billy el encargado de guión para la película estadounidense, sino la pareja George Marion y Jane Storm.

La primera ocasión en la cual escribió directamente un texto para una película americana sería para el musical ‘Music in the air’ (1934). Esta etapa como guionista alcanzó su mayor cúspide creativa cuando formó equipo con Charles Brackett, con el que inició su colaboración en la comedia de Ernst Lubitsch ‘La octava mujer de Barbazul’ (1938). Lubitsch se convertiría en el autor más influyente en la carrera de Billy Wilder. Los tres nombres más importantes para los que Brackett y Wilder trabajaron fueron Lubitsch, al que además de la citada ‘La octava mujer de Barbazul’ le escribieron ‘Ninotchka’ (1939); Mitchell Leisen, con el que colaboraron en deliciosas películas como ‘Medianoche’ (1939), ‘Adelante, mi amor’ (1940) o ‘Si no amaneciera’ (1941), y Howard Hawks, con el que colaboraron en ‘Bola de fuego’ (1941).

Por sus trabajos en ‘Ninotchka’ (1939), ‘Si no amaneciera’ (1941) y ‘Bola de fuego’ (1941), Billy Wilder y Charles Brackett conseguirían ser nominados al premio Oscar. En ‘Bola de fuego’, ambos colaboraron con Thomas Monroe. En 1942 Billy Wilder debutaría en Hollywood como director con la comedia ‘El mayor y la menor’, una cinta protagonizada por Ginger Rogers y Ray Milland que sería continuado durante los años 40 por obras maestras como ‘Perdición’ (1944), una excepcional muestra de cine negro o ‘Días sin huella’ (1945), soberbia descripción del problema del alcoholismo.

La década de los 50 resultó extraordinaria para el realizador austriaco. Prácticamente todos sus títulos son imprescindibles para entender la capacidad como autor de Wilder, aunque las películas más grandiosas de este periodo son ‘El crepúsculo de los dioses’ (1950), ‘Traidor en el infierno’ (1953), ‘Testigo de cargo’ (1957) y ‘Con faldas y a lo loco’ (1959), sin olvidar cintas como ‘El gran carnaval’ (1951) o ‘Sabrina’ (1954). En este decenio también cambiaría de colaborador en la escritura de guiones, compartiendo créditos por primera vez con I. A. L. Diamond en el film protagonizado por Gary Cooper, Audrey Hepburn y Maurice Chevalier ‘Ariane’ (1957).

Su talento como director y guionista fue reconocido por sus colegas de profesión a lo largo de su carrera. En los años 40 y 50, además de las nominaciones citadas anteriormente, Billy Wilder fue candidato al Oscar por ‘Perdición’ (como director y guionista), ‘Días sin huella’ (como director y guionista), ‘Berlin-Occidente’ (como guionista), ‘El crepúsculo de los dioses’ (como director y guionista), ‘Traidor en el infierno’ (como director), ‘Sabrina’ (como director y guionista), ‘Testigo de cargo’ (como director) y ‘Con faldas y a lo loco’ (como director y guionista). De todas estas nominaciones sacaría provecho en tres ocasiones, al lograr la estatuilla por ‘Días sin huella‘, tanto por su dirección como por su guión y por el texto de ‘Traidor en el infierno’.

Posteriormente este número de Oscars aumentaría gracias a su primera y magistral película filmada en la década de los 60, ‘El apartamento’, protagonizada por Jack Lemmon, uno de sus máximos colaboradores en el plano interpretativo. ‘El apartamento’ (1960) se convirtió en uno de sus título más populares y en el más galardonado de su carrera, pues logró el premio a la mejor película, mejor dirección y mejor guión.

En los años posteriores, el ritmo de producción de sus películas descendió pero la calidad de las mismas se mantuvo a gran nivel gracias a títulos (algunos de ellos muy infravalorados) como ‘Uno, dos, tres’ (1961), ‘Irma, la dulce’ (1963), ‘Bésame, tonto’ (1964) y ‘En bandeja de plata’ (1966). El guión de este último film le proporcionaría su última nominación a los Oscar.

Con el tiempo, Billy Wilder comenzó a cansarse del cine de la época y rara vez se sentaba en la silla de director. Cuando lo hacía, sus películas no funcionaban como lo hacían en tiempos pasados. Aún así, títulos tan memorables como la atípica ‘La vida privada de Sherlock Holmes’ (1970), ‘Avanti’ que en España se tituló ‘¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?’ (1972), ‘Primera plana’ (1974) y ‘Fedora’ (1978) merecen un justo lugar en la Historia del cine. Tras filmar su última película, ‘Aquí, un amigo’ (1981), con la pareja Jack Lemmon y Walter Matthau, Billy Wilder decidió retirarse definitivamente del cine, dejando para el amante del séptimo arte una impresionante colección de momentos inolvidables que perdurarán para siempre en nuestros recuerdos.

El 27 de marzo del año 2002, Billy Wilder fallecería a la edad de 95 años.

El programa ‘Dias de cine’ de TVE,  le dedicó el siguiente reportaje:

Sin Compromiso

Director: Ivan Reitman

Reparto: Natalie Portman, Ashton Kutcher, Cary Elwes, Kevin Kline, Greta Gerwig, Lake Bell, Olivia Thirlby, Ludacris, Jake Johnson, Mindy Kaling, Ophelia Lovibond, Talia Balsam, Guy Branum, Ben Lawson, Jennifer Irwin, Adhir Kalyan, Stefanie Scott, Brian Dierker

Cuando la chica de 14 años Emma Kurtzman rechazó los tímidos requiebros adolescentes de Adam Franklin en la puerta del Gran Pabellón de Camp Weehawken, ninguno de los dos sabía nada del sexo real y adulto. Pero sí que lo saben cuando, años después, Emma (Natalie Portman) y Adam (Ashton Kutcher) vuelven a a encontrarse (como parecen haber hecho al azar toda su vida) y terminan en la cama practicando el sexo. Y practicándolo muy bien.

Y puesto que Emma tiene, como ella dice, una “alergia morrocotuda a las relaciones”, y Adam igualmente las rechaza – mayormente porque su padre

(Kevin Kline), una antigua estrella de la televisión, está saliendo con una reciente ex novia de Adam – , ambos deciden prescindir del follón emocional que conlleva una relación y ser simplemente amigos con derecho a roce. Rollo sin cuelgues, sexo sin sustos, coitos sin coste. Sin ataduras, ni mentiras, ni celos, ni achuchones, ni emoticonos, ni desayunos compartidos, sin “te echo de menos”, sin apodos para ciertas partes del cuerpo, sin liarse… en definitiva, “Sin compromiso”.

Lo que comienza siendo una solución perfecta para sus necesidades físicas se convierte en algo más peliagudo cuando Adam, sin darse cuenta, lleva sus sentimientos a la cama (y al armario del hospital, al asiento de atrás del coche y a prácticamente cualquier sitio que ofrezca un soporte horizontal). Al final, ambos terminan intentando desatar los lazos que intentaban evitar y esforzándose por responder a una pregunta clave: ¿pueden dos amigos practicar el sexo sin que el amor se interponga?

En un mundo mejor

Anton es médico y divide su tiempo entre una pequeña ciudad idílica en Dinamarca y su trabajo en un campo de refugiados en África. En estos dos mundos tan diferentes, él y su familia se enfrentan a conflictos que les empujan a escoger entre la venganza y el perdón.

Anton y su esposa Marianne tienen dos hijos, están separados y consideran la posibilidad de divorciarse. El mayor de sus hijos, Elias, de diez años, sufre el constante acoso de unos compañeros hasta que otro chico le defiende, Christian, que acaba de trasladarse a Dinamarca desde Londres con su padre, Claus. La madre de Christian ha fallecido recientemente de cáncer.

Elias y Christian no tardan en estar muy unidos, pero cuando Christian involucra a Elias en un peligroso acto de revancha que puede acarrear consecuencias trágicas, además de poner a prueba la amistad que los une, también pone en peligro varias vidas. Finalmente, sus padres deberán ayudarles a entender la complejidad de las emociones, del dolor y de la empatía.

Claude Chabrol (1930-2010)

Nació el 24 de junio de 1930 en París. Después de haber estudiado para farmacéutico (como su padre y abuelo), trabajó como crítico colaborando con Eric Rohmer en su libro sobre Hitchcock (París, 1957). Asiduo en la Cinemathéque de Henri Langlois, ingresó junto a sus amigos en la Cahiers du Cinéma, donde firmó su primer artículo sobre el filme ‘Cantando bajo la lluvia’ (1953). Más tarde se dio a conocer por el ataque que dirigió a Stanley Kramer por su análisis de los grandes temas cinematográficos. Funda la productora AJYM y realiza en 1958, con el dinero de una herencia que le dejó su primera esposa, una primera película que se convirtió en el manifiesto inaugural de la Nouvelle Vague: ‘El bello Sergio’, seguido de ‘Los primos’ (1958) y ‘Una doble vida’ (1959).

En esta primera etapa rodó ocho largos, la mayoría escritos por él y entre los que se encuentran algunos de sus mejores trabajos. Después, debido a los fracasos comerciales de algunas de estas primeras obras, realiza películas comerciales. Más tarde volvería a realizar películas más personales como ‘Las ciervas‘ y ‘La mujer infiel’ (1968), o ‘Accidente sin huella’ y ‘El carnicero’ (1969), ‘Al anochecer’ (1971), ‘Relaciones sangrientas’ (1972). Para 1974 sus películas habían caído en el cine comercial francés y ninguna de sus obras había sido digna de los éxitos que realizó diez años antes: ni ‘Laberinto mortal’ (coproducción realizada en Canadá), ni ‘Prostituta de día, señorita de noche’.

Durante muchos años, sus películas, rodadas en muy poco tiempo, fueron protagonizadas por la que era su mujer, Stéphane Audran. La última etapa de su cine, desde ‘Pollo al vinagre’ (1985) hasta ‘Merci pour le chocolat’  en el año 2000, señala la culminación de un camino en la afirmación del autor como un verdadero clásico contemporáneo. Una de sus últimas películas, ‘Borrachera de poder’, es un vivo retrato de la corrupción política francesa y una obra de una gran madurez realizada por uno de los grandes exponentes del séptimo arte europeo. Claude Chabrol se merece un hueco en la historia del cine.

Francis Ford Coppola

Francis Ford Coppola nació en Detroit en 1939, pero pronto se trasladó a Queens, Nueva York, donde creció en un entorno que le ayudó a cultivar sus cualidades. El ambiente de una familia muy unida, de raíces italianas y que fomentaba la cultura hizo que se inclinara a estudiar primero teatro y luego cine. La visión de un trabajo de Sergei Eisenstein, ‘Octubre’, inclinó la balanza hacia el Séptimo Arte. Haría películas.

Su decidido interés por el cine en la escuela de UCLA le abrió las puertas de otra escuela, la de las películas de serie B que producía Roger Corman. Golpe de suerte: firmó su primer largo, ‘Dementia 13,  y conoció a la decoradora Eleanor con la que se casó enseguida. Eran tiempos juveniles: tenía 23 años y muchas ganas de contar historias propias, que dijeran algo acerca de la condición humana, como ‘Ya eres un gran chico (1966) y Llueve sobre mi corazón’ (1969). Aunque Francis no hacía ascos a los encargos. Como el guión de ‘Patton‘, su primer Oscar. El dibujo del carismático general anticipaba su reflexiones sobre el poder en ‘El padrino’ y ‘Apocalypse Now’.

Al iniciar su carrera Coppola se prometió “escribir material original para la pantalla -escribir el guión, y ejecutarlo luego como productor y director. Muchos escribían, y muchos dirigían, pero sólo unos pocos hacían ambas cosas“. El director deseaba controlar sus películas, para que fueran personales, lo que no impedía ser práctico y aceptar proyectos que le dieran nombre y medios para el futuro. Ocurrió con la trilogía de ‘El padrino’ (1972, 1974 y 1990), su trabajo más popular, cuyas dos primeras entregas alcanzan la perfección. Los proyectos propios darían sus frutos con ‘La conversación’ (1974), y la mejor película sobre la guerra de Vietnam, ‘Apocalypse Now’ (1979), personalísima adaptación de la novela ‘El corazón de las tinieblas’ de Joseph Conrad.

Coppola procuró rodearse de un equipo de personas con las que trabajaba a gusto, como una segunda familia. Y su sueño de hacer películas personales le llevó a crear Zoetrope, un estudio que apoyaría a la gente con talento, en un ambiente que deseaba nuevamente familiar. Pero Coppola chocó con el mundo real. Si aguantó el embate de ‘Apocalypse Now’, no pudo con el desastre económico de Corazonada’. Tendría que aceptar encargos y personalizarlos (‘Rebeldes‘, ‘La ley de la calle‘, ‘Cotton Club‘, ‘Peggy Sue se casó‘, ‘Jardines de piedra’), mientras pagaba deudas y se rehacía.

Su amigo George Lucas, a quien había apoyado en ‘American Graffiti’, le devolvió el favor con Tucker, un hombre y su sueño’, una parábola sobre un fabricante de coches que era, en verdad, su otro yo. Drácula’, de Bram Stoker, es lo má significativo de estos útlimos años. Ya no hay excusas de índole económica: sus inversiones extracinematográficas rentan buenos dólares. Asegura el director que trabaja en un proyecto largamente acariciado, ‘Megalópolis’, una reflexión sobre la civilización contemporánea. Seguimos esperando…

André Téchiné

El director y guionista francés nació el 13 de marzo de 1943 en Valence (Francia). Estudió en  París y se inició en el cine como ayudante de dirección de Jacques Rivette. Téchiné trabajó como crítico por los Cahiers du cinéma (1964-67). En 1970 realizó su primera película Paulina s’en va’. En 2003 ganó el Prix René Clair por su obra. Se le encuadra, como a Bertrand Tavernier, en la generación que siguió a la famosa Nouvelle Vague. Sus películas se caracterizan por examinar las relaciones humanas con un estilo intimista, cuidadoso y poco sentimental.

En su biografía de las hermanas Brontë, ‘Les sœurs Brontë’ (1979) el ambiente sombrío y carente de color sirve para enfatizar la falta de atractivo en la vida de las hermanas. En ‘Rendez-vous’ (1985), Téchniné exploró con detalle la naturaleza de una relación sadomasoquista con una de sus actrices favoritas, Juliette Binoche. El filme le valió al director el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes. Otro de sus filmes más aclamados fue Mi estación favorita’ (1993), la relación de una familia provincial en un mundo frío. Este filme participó en el Festival de Cannes de ese año.

Un filme importante en la obra de Téchiné es ‘Los juncos salvajes’ (1994). En esta película el director estudia la vida sentimental de un grupo de adolescentes con la guerra de Argelia de trasfondo. André Techiné se muestra sensible, aunque con cierto pesimismo que recuerda al cine francés de antaño, para retratar una serie de momentos impregnados de emotividad y también desencanto (la secuencia del chico que acude a ver al desconcertado zapatero al que cuenta sus penas amorosas es hermosamente desoladora). Este filme recibió los premios César y Delluc de 1994.

‘Los testigos’ (Les témoins), del 2007 transcurre en el verano del París de 1984 y es un retrato del dolor y la angustia de toda una generación de homosexuales que ve cómo de un dí­a para otro una enfermedad desconocida, que tiene algo de plaga bí­blica, arranca de cuajo no sólo sus vidas, sino sus forma de vivir. Los encuentros furtivos, las fiestas alegres y desinhibidas, el sexo sin los prejuicios atávicos de la moral, la alegrí­a de vivir, todo ahora se ve amenazado por el fantasma del contagio, y probablemente también por el fantasma de la culpa, la culpa de la homosexualidad, la homosexualidad como un castigo.

Su última película,  ‘La Chica Del Tren’ (2009) se aleja un poco de la línea narrativa del director francés. La película centra su historia en una joven que inventa una historia falsa para convertirse en víctima de ataques antisemitas.

La vida de los peces

Andrés (33) ha vivido en Alemania durante los últimos 10 años. Es periodista y trabaja para una revista de viajes, haciendo guías para turistas, teniendo que viajar constantemente a lugares exóticos, sin embargo, lleva una vida solitaria y sin vínculos con ningún lugar en particular. Andrés regresa a su Chile natal para resolver algunos asuntos pendientes de su pasado antes de asentarse definitivamente en Berlín. Durante su estancia en Chile, asiste a una fiesta de cumpleaños de un viejo amigo y vuelve a descubrir el pasado que ha decidido olvidar. La historia se desarrolla por completo en esta fiesta. Lo vemos interactuar con sus amigos de la infancia, los hijos de estos, la criada de la casa, y con el amor de su vida, Beatriz, con quien tiene asuntos pendientes.

La película reflexiona sobre el miedo al compromiso, el doble estándar, y cómo las relaciones a menudo pueden ser transitorias, siendo esta una metáfora de cómo nos relacionamos en el mundo actualmente.

El encuentro entre Andrés y Beatriz les hace reevaluar las decisiones que han tomado anteriormente y cómo la vida pudo haber sido si hubieran tomado una decisión diferente. Andrés y Beatriz hablan de decisiones, de reencuentros, y de segundas oportunidades. Ellos nos hacen reflexionar acerca de nuestras propias vidas, de cómo nos relacionamos, y qué es lo que queremos construir para el futuro.

Director: Matías Bize

Guión: Julio Rojas, Matías Bize

Reparto: Santiago Cabrera, Blanca Lewin, Antonia Zegers, Victor Montero.

Ganadores Oscar 2011

El Discurso del Rey – Oscar Mejor Película